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La cerveza en la literatura española

En estos días en los que la literatura es protagonista de tantas páginas con motivo del homenaje a Cervantes en el 400 aniversario de su muerte, en Naturbier no hemos querido dejar pasar la ocasión de hacer un homenaje literario a la cerveza, revisando algunas de las menciones a nuestra bebida preferida.
Y tras este repaso, podemos decir que la cerveza, ni tan novelesca como el vino ni tan poética como el agua, cuenta con un humilde pero divertido papel en la literatura castellana.
Una de las primeras menciones que encontramos es la de Mesonero Romanos, en su Manual de Madrid, Descripción de la Corte y de la Villa, publicado en 1833. Y por lo que dice, podemos deducir que ya en su época era una bebida muy popular entre los madrileños:

Según un estado moderno que tengo a la vista consta haber en Madrid las fábricas y talleres siguientes: Doscientos de carpinteros; veinte y dos de ebanistas; (…) cinco fábricas de cerveza; ochenta de hojalateros; tres de instrumentos de aire; ocho de (…)

Y más adelante nos da unos detalles muy interesantes sobre el lúpulo.

Cerveza . En marzo de 1828 se averiguó que el lúpulo, hombrecillo o hublón, flor indispensable para la fabricación de la cerveza, se criaba espontáneamente, aunque en corta cantidad, en las cercanías del canal de Manzanares y soto de Migas calientes, y con más abundancia en los alrededores de Guadalajara y la Alcarria; siendo su coste una cuarta parte de la que se traía del extranjero, y su calidad la mejor a juicio de los fabricantes. También se encuentra esta planta muy abundante en Aragón y Cataluña. En las fábricas de cerveza de esta corte se ha mejorado y variado este género extraordinariamente, y se regula su despacho en 8000 botellas diarias.

En relatos novelescos, nos topamos con una mención a la cerveza en una novelita de la autora Cecilia Böhl de Faber y Larrea, que firmaba con el seudónimo Fernan Caballero. En la novela corta La Farisea de mediados del siglo xix nos describe a un virtuoso sacerdote que no gustaba de la cerveza.

En cuanto a la cerveza , contaba alegremente que habiéndosela prescrito por un padecimiento de estómago el médico a la hermana del cura, se le encargó al sacristán que buscase y comprase una botella. Cuando la hubo traído, le dio el cura un poco de aquel líquido para que lo probase, y viendo que ponía mal gesto, le preguntó:-¿qué te parece, hombre?-Señor, contestó el interrogado, me parece que si cerveza hubiese habido en el Calvario, al Señor no le dan la hiel.

Más positivas son las muchas menciones en Doña Emilia Pardo Bazán, que siempre la describe como una bebida refrescante
En su novelita Piedra Angular de finales del siglo XIX:

-Adiós, Priego… ¿Quieren ustedes subir y refrescar? ¿Una botellita de cerveza ?
-Tantas gracias… Ahora, imposible -contestó Priego…

Sin embargo, más tarde acepta  el refresco ofrecido:

El Doctor comprendió que aceptaban el refresco, del que debían de estar bien necesitados, y al tiempo que salía a recibir a sus huéspedes, llamó a la niñera, dando órdenes para que la cerveza, la grosella, los pasteles, que por fortuna había traído de Marineda calentitos, se sirviesen en la mesa de piedra del cenador.

Y repite la invitación a refrescarse en el cuento Quimera de 1900:

-Eso es- Que le envíen lo preciso. Venga usted por aquí a mi escritorio… ¿Ha almorzado usted? ¿Quiere refrescar? ¿Cerveza ?

Otro autor que retrató muy bien el Madrid de su época: Don Benito Pérez Galdós, nos la describe así en la novela Luchana:

Y comerciantes, que traen del Norte duelas, bacalao y toneles de una bebida que llaman cerveza , más amarga que los demonios;

Y aunque parece que para ese personaje del norte, la cerveza era una novedad, en Madrid se consumía habitualmente, como vemos en Fortunata y Jacinta, de 1887:

Izquierdo se plantó de centinela en la sala, acompañado de una grande de cerveza , y por si la grande no era bastante para pasar la noche, llevó también una chica de añadidura.

Parece que la cerveza se mandaba a pedir de la bodega para refrescarse en ciertas ocasiones, y es que los servicios a domicilio eran más frecuentes que hoy en día:

En esto, el ruido de voces, que sonaba en la salita próxima aumentó considerablemente, y a los oídos de Ballester llegaban estas palabras: envido a la chica, órdago a los pares.

«Es mi tío José -dijo Fortunata-, que está jugando al mus con su amigo. Le mando que venga aquí para que me acompañe mientras estoy en la cama, porque tengo mucho miedo, y para que no se aburra, hago que le traigan una botella de cerveza y le permito que venga su amigo a hacerle compañía».

Si bien para algunas más remilgadas no era la mejor opción:

Izquierdo entró con una botella de cerveza y detrás el mozo del café de Gallo con un grande de limón, ponchera y copas. «La señora -dijo él queriendo ser amable-, va a tomar un vasito de cerveza con limón».
-¡Quite usted allá! -replicó la dama-. Yo no bebo esas porquerías. Se lo agradezco…

Una anécdota de Leopoldo Alas Clarín, en su cuento Avecilla, nos deja ver que la cerveza era consumida habitualmente en los bares:

Él me obsequiaba a mí tanto, me pagaba tantos cafés, tanta cerveza , tantas cosas, por más que yo protestaba, y hasta me enfurecía, que no había manera de desairarle.

Y también apreciada por los literatos, según su cuento Bustamante, publicado en la obra Pipá de 1886:

-¿Qué quiere el señorito? -le preguntó un mozo distraído. Bustamante quiso cerveza . Mala hora para tomar cerveza , pero no encontró en su memoria bebida más propia de un literato, como él era sin duda y cada vez más.

Ya en el siglo XX, el escritor Gabriel Miró también nos habla de la cerveza como una bebida de amistad, para compartir e incluso congraciarse con los amigos, en su obra Nómadas:

Don Diego fue al pueblo, cambió la orla de diamantes por dineros, y en rendimiento de gratitud de la acogida fraternal hecha a él, extraño y miserable, llevó a la torre tabaco, cerveza , viandas y un pomo de rosas pálidas, atadas con cinta de seda, que ofreció gentilmente a la hija del músico.

Aquella noche, embriagados de música, de tabaco, de cerveza, se tutearon; y aflicciones, disciplina y turno de servicio, todo, todo fue olvidado:

Os dejamos también una anécdota divertida de la obra de Leopoldo Calvo Sotelo, en un cuento no muy conocido: Robanova: una vez era un pueblo de principios del siglo XX:

Amigos míos, dediquemos unas palabras a nuestro clásico pote. Dime lo que comes y te diré quién eres. ¿Fue Brillat Savarin el autor de sentencia tan profunda? No lo sé; lo que sí sé es que pocas veces habrá surgido en cabeza humana verdad de tamaño calibre. Aplicadla también a la bebida: el champagne tiene la exquisitez elegante del espíritu galo, y la cerveza , la basta contextura del tipo teutón.
-La cerveza será basta -comentó una voz-, pero tú, cuando la bebes, nunca dices ¡basta!

Y en este repaso no podía faltar el escritor más destacado de la bohemia madrileña, Valle Inclán, que en su Luces de Bohemia contrapone la humilde cerveza al fastuoso champagne:

Don Latino: Yo me bebo modestamente una chica de cerveza, y tú me apoquinas en pasta con lo que me había de costar la bebecua.

¿Conocéis otras apariciones de la cerveza en la literatura española? Esta lista es breve y escueta, pero nos gustaría ir conociendo más menciones en la literatura: